Aceptar la realidad

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Aceptar la realidad

Para tener una existencia plena, hay que intentar vivir una vida en pleno contacto con el aquí y el ahora, hay que aceptar la realidad, sin dejarse arrastrar por la tendencia de la mente de rumiar una y otra vez experiencias del pasado o de fantasear constantemente acerca de los acontecimientos del futuro.

La vida solamente existe en el momento presente. Toda nuestra vida se desarrolla en un presente continuo, nadie puede vivir ni en el pasado ni en el futuro. Sin embargo, pasamos gran parte de nuestra existencia orientados psicológicamente hacia el pasado o bien hacia el futuro.

Una de las formas nocivas de orientarnos psicológicamente hacia el pasado es a través de las añoranzas. Es un intento de re-vivir, de volver a vivir momentos agradables que ya pasaron y experimentar de nuevo aquellos sentimientos que una vez tuvimos. El problema surge cuando, cuanto peor estamos aquí y ahora, más tendemos a irnos allí, al pasado; así añorar se convierte en una forma de evitar estar aquí. Cuando nuestra respuesta habitual a las situaciones difíciles es recordarnos constantemente lo que perdimos y ya no tenemos, lo que conseguimos es vivir el presente en forma de tristeza.

Otra forma de orientarnos psicológicamente hacia el pasado sería mediante la inculpación. El problema surge cuando nos quedamos anclados en la inculpación y no logramos extraer el aprendizaje de dicha experiencia. Además es una forma de evitar mirar el presente de frente y afrontarlo con resolución. Cuando este proceder se convierte en algo habitual, el sentimiento que experimentamos es el de culpabilidad.

Una de las formas más comunes de orientarse mentalmente hacia el futuro es a través de las preocupaciones.” Pre –ocuparse”, es ocuparse de algo antes de que ocurra. Si la anticipación del posible problema nos lleva a tomar medidas por anticipado para prevenirlo, habremos conseguido reducir los riesgos. Pero si lo que hacemos no es más que dar vueltas, una y otra vez, a lo que tememos que suceda, nos estamos torturando a base de “re-vivir”, una y otra vez, el posible suceso. Cuando este proceder se convierte en una forma de funcionamiento, los sentimientos más habituales que experimentamos son los de angustia, ansiedad y miedo.

Otra forma de orientarse al futuro es cuando nos movemos guiados por nuestras expectativas. Muchas veces las expectativas acaban tomando la forma de fuertes exigencias implícitas, sobre todo si las construimos en referencia a una persona. Pero cuando la realidad no se ajusta a nuestras expectativas, solemos experimentar frustración, nos sentimos decepcionados. Cuanto mayor sea la importancia que esas expectativas tenían para nosotros, más decepcionados y frustrados nos sentiremos.

Aceptar la realidad

Para tener una existencia plena, hay que intentar vivir una vida en pleno contacto con el aquí y el ahora, hay que aceptar la realidad, sin dejarse arrastrar por la tendencia de la mente de rumiar una y otra vez experiencias del pasado o de fantasear constantemente acerca de los acontecimientos del futuro.

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