Emociones. El Primitivo

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Emociones. El Primitivo

Emociones. El Primitivo

 

El primitivo integra nuestro cerebro reptiliano y límbico. El primero tiene como finalidad mantenernos con vida, pura función de supervivencia. El segundo, el límbico, es el cerebro emocional que nos ayuda a efectuar valoraciones rápidas de lo que sucede dentro y fuera de nuestra persona, y nos mueve a actuar sin reflexionar. Esto es algo necesario en algunos casos extremos, pero puede ser fuente de conflictos personales si toman demasiadas veces el control de nuestra conducta.

La ira es una emoción primaria que todos llevamos en nuestra programación emocional. Nos informa de que existe un obstáculo que se interpone en el camino de lo que queremos o deseamos y genera una energía interna que nos mueve a aclarar el camino y a destruirlo, si es posible. El detonante universal del enfado es la sensación de sentirse amenazado no sólo en el sentido físico sino también cuando sentimos que peligran nuestra autoestima y amor propio. Cuando esto ocurre “el primitivo toma el control”.

Sabemos que airear la ira sirve de poco o de nada para reducirla, ya que es una emoción altamente inflamable. La explosión de ira incrementa aún más la excitación emocional del cerebro y hace que nos sintamos peor. Además se contagia fácilmente y es una emanación contaminadora del clima emocional. Como dice el maestro tibetano Chogyam sobre la mejor forma de relacionarse con la ira, “Ni la reprimas ni te dejes arrastrar por ella”.

Imagina que tu cabeza es metafóricamente una caja sorpresa de estas que, al abrirlas, sale un monigote impulsado por un muelle. Este monigote tiene el aspecto de un ser primitivo, de las cavernas, pero con tu cara y además una cara muy enfadada. En la mano lleva un garrote que mueve amenazador. Este es tu primitivo.

¿Qué puede activar el mecanismo que permite que tu primitivo salga de la caja? Cuando te sientes atacado en tu autoestima, cuando te sientes invadido territorialmente, cuando se pone en duda tu estatus dentro de un grupo, cuando tienes conflictos con el poder o cuando sientes que alguien que amas

puede ser amenazado. Y si lo que ocurre activa varios resortes a la vez, la reacción puede ser desmesurada.

La metáfora del primitivo sirve para tomar conciencia de que “no siempre tiene el control nuestro cerebro racional”. Y cuando el primitivo está disparado no funcionan todas aquellas estrategias que con el racional funcionan; razonar, argumentar..porque para comprender el significado de las palabras, nuestro mundo emocional debe estar en calma y nuestra mente atenta. El lenguaje del primitivo es otro; es la ley de la selva. Y además, cuando un primitivo sale de su caja hay muchas posibilidades de contagio grupal. En una sala donde hay tres personas, pueden acabar habiendo seis: cada una de ellas con su primitivo activado.

¿Qué hacer cuando nos enfrentamos a un primitivo? En primer lugar debemos saber que es más eficaz el silencio que la palabra. No podemos dialogar con él. Debemos esperar que el primitivo haya vuelto a su caja. La magia de las palabras sólo funciona cuando dos seres racionales dialogan desde el centramiento y la escucha. Es preciso calmarnos, atender al otro utilizando el lenguaje no verbal, tener paciencia y esperar que el primitivo se desactive antes de argumentar. Sólo dos personas con sus cerebros en estado activado racional pueden comprenderse.

¿Qué puedes hacer para tener más controlado a tu primitivo? Trabajar tu autocontrol emocional y aprender formas emocionalmente ecológicas de gestionar tus emociones. La prevención siempre es mejor que actuar cuando el daño se ha producido. Se trata de que asumas que si bien no puedes elegir lo que sientes, el cómo das salida a estas emociones si que es cosa tuya. Como dice Xavier Guix: detrás del enfado hay frustración y falta de amor. El reconocimiento de la posibilidad de escoger el “cómo” te permite asumir tu responsabilidad emocional.

Cada día generamos toneladas de basura doméstica. Y a diario nos desprendemos de ellas eliminándolas de forma ecológica: discriminando qué se puede reciclar y qué no; separando el vidrio, el plástico, etc para que cada tipo siga un circuito de eliminación o reciclaje y, así, evitar contaminar nuestro medio ambiente. ¿Por qué no hacemos lo mismo a nivel emocional? Cada día generamos basura emocional. Son los residuos emocionales fruto de no haber realizado una buena gestión de las situaciones vividas. Son cargas afectivas inútiles que nos pesan, frenan y anclan en el pasado, contaminan nuestro presente y dificultan nuestro futuro: quejas, resentimiento, rencor, mal humor, desánimo, juicios negativos, furia, rabia, menosprecio, cinismo, ofensas, etc. Las emociones son un material de fácil contagio. Contagiamos a los demás y al mismo tiempo somos contagiados por ellos.

¿Acumulas basura emocional? ¿Llevas desde hace años en tu interior residuos emocionales tóxicos, o cargas y problemas que no son tuyos?. Hay mochilas emocionales realmente pesadas de llevar. La toxicidad provocada por la basura emocional acumulada durante tiempo provoca enfermedad. La tensión provocada por esta basura puede provocar que en determinado momento de tensión, acabes descargándola en forma de lluvia ácida sobre las personas que tienes alrededor. Y esto tiene un indudable impacto en el clima emocional y afecta negativamente a tus relaciones.

Si te dedicas a almacenar emociones desequilibrantes en tu interior, sufrirás hasta el punto de que no serás capaz de ver ni de vivir lo bueno y lo nuevo que vaya apareciendo en tu vida. Es preciso que te vacíes de estos contaminantes, pero no de cualquier forma. Los residuos emocionales deben eliminarse sin contaminar el medio relacional, sin intoxicar a los demás. Libérate de la carga de las ofensas y de las quejas que no llevan a ninguna parte.

A muchas personas les es más fácil desahogarse con sus familiares que con extraños y ésta es una conducta especialmente injusta. Recuerda que quien te ama es más vulnerable y debes evitar usarlo como “ contenedor de tu basura emocional”. Así pues, eres responsable de autogestionar tus emociones y darles una salida no violenta. Nadie tiene por qué aguantar la incompetencia emocional de otra persona.

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