La vida te enfrentará muchos retos, aún así aprovéchala a fondo, entrégate a ella sin temor. A pesar del dolor, la adversidad, la pérdida y la muerte, siempre he tenido la profunda sensación de que en cada momento de mi vida he recibido aquello que tocaba, que era adecuado y necesario, que cada experiencia llegaba en su preciso instante. No antes, no después. Nada es casual, la vida teje una red de casualidades aparentes que no son hijas del azar. Son más bien lecciones que tenemos que aprender. Y hasta que no las aprendamos se nos presentarán una y otra vez, pero no para que huyamos de ellas sino para que las integremos. Son lecciones que conducen al verdadero poder. La gratitud es una de las puertas para que comprendamos que no existe la casualidad. La otra, sin duda, es el amor… es triste, pero quizá todos los problemas tienen la misma raíz: el miedo, que desaparece gracias al amor; pero el amor nos da tanto miedo.
No dejes que el temor mate tus sueños. Sueña siempre en algo que sea mayor que tú, pero trabaja para que esos sueños se hagan realidad. que cuando llegue el momento final, sientas que todo en tu vida encaja como una unidad perfecta en la que el último instante sea un suspiro en profunda paz.
Tengo la intensa sensación de que venimos al mundo sólo para dos cosas: para aprender y para amar.. para aprender a amar. Y ese es el único motivo de todo viaje. Quizá la vida sea ese camino que debemos andar para volver, de nuevo a nosotros mismos, pero con el poder de la conciencia y del amor. Solo entonces podemos devolverle a la vida su regalo, nuestra propia vida, e irnos en paz, dejando también en paz a los que hemos amado y a aquellos por quienes hemos sido amados. Y es que, finalmente, lo único que nos llevaremos es…aquello que hemos dado.





