“De niños no recibimos de los adultos que nos rodeaban el apoyo y la empatía necesaria para sostenernos en medio de situaciones dolorosas (miedos, soledad, frustraciones, humillaciones,…) es más, esos mismos adultos que cuidaban de nosotros (madre, padre, y figuras significativas durante nuestra infancia) nos causaron algún tipo de maltrato psicológico, físico, emocional o espiritual. Nuestro niño interior se siente a menudo asustado, avergonzado, herido, y ahora somos nosotros, ya adultos, los que tenemos la responsabilidad y la capacidad para sanar sus heridas, amarle, protegerle y enseñarle a abrirse a la vida con confianza en sí mismo y en sus capacidades. ”
“Quizás el no permitirte sentir tu enfado, expresar y liberar tu rabia es una de tus grandes barreras y algo que te resta vitalidad y energía en tu vida. Enfadarse es algo natural. Piensa en los niños pequeños, su enfado surge de forma natural, lo sienten ante una frustración, una decepción y lo expresan sin reparo. Liberan el enfado a través de su cuerpo,….y ya está.
Sin embargo muchos de nosotros hemos aprendido a reprimir nuestros enfados ya desde muy niños, para ser aceptados y amados por las personas más importantes, nuestros padres. Nos tragamos la rabia, que se va acumulando dentro de nuestro cuerpo y, al no ser vivida con aceptación, no podemos elaborarla tampoco internamente, con lo cual se convierte poco a poco en resentimiento. “Re – sentimos” una y otra vez el enfado, la ira, que oculta el dolor de la herida que sufrimos. Necesitamos destapar la ira, la rabia, para poder hacernos cargo de sanar el dolor que yace tras la ira. Necesitamos abrirnos a reconocer el dolor del rechazo, del miedo, del abandono, la soledad, la humillación…
El dolor de nuestra infancia lo volvemos a experimentar en nuestra vida, cada vez que transferimos a las demás personas la
misma relación afectiva y negativa que tuvimos con nuestros padres.
Para poder avanzar hacia el perdón y el bienestar interior necesitamos ser capaces de expresar nuestra ira. Está justificada. Existen razones para sentirla.
Tanto la culpa como el resentimiento nos atan a las personas y situaciones del pasado, impidiéndonos tener la energía y la atención necesaria para experimentar el presente, que es, en realidad, lo único real que verdaderamente tenemos en el ahora.
Soltar el resentimiento y la culpa significa abrirnos a experimentar más vitalidad, amor, compasión y apertura en nuestra vida.
El perdón auténtico es una experiencia espiritual, un acto de amor hacia un@ mism@ y de coraje que surge de un deseo
profundo de sentir paz en nuestro interior, y, en cierta manera, es de lo más irracional. ¿Para que perdonar a alguien que nos ha
hecho daño o nos ha herido? .Perdonar una afrenta o un maltrato no significa olvidar lo que sucedió, significa dejar de estar atados al dolor y cambiar nuestra percepción sobre ello.
El perdón nos abre el corazón al amor a nosotros mismos. Somos muchos los que llevamos años y años acarreando resentimientos. Así llegamos a tener razón, pero jamás a ser felices.
Me parece oírte decir: “ Pero tú no sabes lo que me hicieron, es imperdonable”.
No estar dispuestos a perdonar es algo demasiado terrible para hacérnoslo a nosotros mismos. El resentimiento es como tragarse diariamente una cucharadita de veneno. Se va acumulando y nos daña. Es imposible estar sano y ser libre cuando sigue uno atado a su pasado. El incidente ya pasó hace tiempo. Sí, es verdad que ellos no se comportaron nada bien. Pero aquello se terminó. A veces sentimos que si les perdonamos sus deudas, estamos diciendo que lo que nos hicieron estaba bien.
Una de las lecciones espirituales más importantes que tenemos que aprender es entender que todo el mundo hace lo mejor que es capaz de hacer en cada momento, con el entendimiento, la conciencia y el conocimiento que tiene.
La persona a quien más te cuesta perdonar es la que puede enseñarte las lecciones más valiosas. Cuando te ames a ti mismo lo suficiente para elevarte por encima de la situación de antaño, entonces la comprensión y el perdón te resultarán fáciles. Y serás libre.






