LA CULPABILIDAD
En psicología, eres culpable de algo cuando, habiendo podido evitar un daño, no lo evitas y el daño se produce de todas formas. En otro caso, serás responsable, pero no culpable. Ya que la responsabilidad sobre nuestros actos no incluye la discusión sobre si pude o no evitarlo. Si no pude evitarlo, entonces no hay culpa, aunque se mantenga intacta la responsabilidad. Me acuso, me juzgo y me encuentro culpable de haber dañado a otro.
La culpa es este sentimiento displacentero de autoacusación, el dedo con el que me apunto porque hay otro que padece a partir de algo que yo estoy haciendo, hice o dejé de hacer. Mi actitud interna es acusarme y condenarme, sentirme culpable, sentir el displacer de que otro sufra a partir de un accionar mío equivocado, desacertado o inadecuado.
La culpa no es siempre el resultado de algo que el otro realmente dice; nos sentimos culpables bastante antes de que el otro nos diga:”me hiciste mal”. Frente a la situación de malestar, de acusación y de exigencia colocada por mí en su pensamiento, determino que tiene razón; y entonces, no sólo me acuso sino que además me condeno y me penalizo. El castigo para mi falta es el automartirio y la forma de pagar es la culpa.
Es el sentimiento de identificación con la exigencia lo que verdaderamente da origen a la culpa. No es la sensación de haberse equivocado, ni la conciencia de falibilidad, ni la consecuencia necesaria de “ sentirse mal cuando el otro se siente mal”. Lo único que hace que no se sienta culpable, en verdad es identificarse con una exigencia del otro. Yo siento que el otro me está exigiendo aunque el otro no lo haga.
Las exigencias del otro pueden estar o no, es más, si están, sólo te producen esta sensación si se identifican con las tuyas. La culpa está, en relación con tus propias exigencias. No de lo que te exiges a ti mismo, sino de las cosas que le exigirías al otro si cambiaran lugares. Detrás de la tortura de la culpa se esconde siempre la exigencia. Porqué estás proyectando tus exigencias en el afuera y te sientes culpable ante estas mismas cosas que proyectas.
Si uno no transforma las emociones en acción, esas energías se quedan adentro estancadas, como si fueran una bomba de tiempo.
La culpa es la retroflexión de una agresión. La culpa no es más que una forma de agresión.
La indiferencia se presta a un aire de superioridad en el que muchas veces se esconde la propia incapacidad para actuar el enfado. La indiferencia es una excusa para evitar ser agresivo.
La culpa no es más que una forma de agresión. De hecho si buscas el resentimiento o enfado hacia el otro verás que desaparece la culpa que sentías. Cuando me doy cuenta que esa exigencia que veo en el otro, ni siquiera sea del otro sino una proyección de mis propias exigencias.
En realidad existen tres formas de manifestar el enfado no actuado hacia el otro; la culpa, la depresión y las enfermedades psicosomáticas.
Hay que aprender a recanalizar los enfados no actuados y dejar de sentirse culpable, para empezar a sentirse responsable de las cosas que uno hace.
Detrás de un culposo se esconde un exigente y un manipulador.
El verdadero solidario, el que de verdad ayuda a otros, es alguien que es capaz de ayudar no porque se sienta culpable, sino porque siente placer al ayudar.
La culpabilidad es un subproducto exclusivamente educativo y absolutamente antinatural.
Hay que dejar salir las emociones. Hay que sacarlas hacia donde van dirigidas. No reprimir, no tragarse las cosas, no retroflexionar, ni las buenas, ni las malas, ni las positivas ni las destructivas, ni las mejores ni las peores. No pegarme a mí cuando quiero pegar al otro. No vivir regalando compulsivamente cosas cuando en realidad necesito que alguien me regale algo a mí. No vivir enojándome conmigo para no enojarme con aquellos que me llenan de expectativas. Entonces seremos auténticamente responsables de nuestras actitudes. Sí así lo hacemos, no habrá más necesidad ni motivo para sentirse culpable. Y sin culpas la vida será mucho, pero mucho más placentera.






