La Flexibilidad.

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La Flexibilidad.

    «Aprendamos a ser flexibles»

 

Aunque todos sabemos que la realidad es cambiante, nosotros nos empeñamos en ordenarlo todo, en tenerlo bajo control, bien planeado. Pero tenemos que aprender a vivir serenos en medio de los vaivenes habituales de la vida. Ese ideal sin contrariedades y sin cambios, ese camino en el que vamos cumpliendo nuestros objetivos uno detrás de otro, ¡no existe! Sólo habita en nuestras cabezas. Todo a nuestro alrededor cambia, y también lo hacemos nosotros. Y no obstante, seguimos empeñados en el ideal de la estabilidad. Mientras perseguimos ese futuro ideal que nunca alcanzaremos tal y como lo imaginamos, vivimos cualquier cambio como un obstáculo para conseguirlo.

Rebajar el nivel de autoexigencia es el primer paso para ser más flexibles ante los cambios que la vida nos presenta, y que no siempre concuerdan con nuestros rígidos esquemas mentales.

Nos autoexigimos, nos cuesta perdonarnos…somos, por encima de todo, inflexibles con nosotros mismos. Somos rígidos con la identidad que nos hemos construido, de lo que somos y de lo que queremos llegar a ser, y nos pasamos la vida defendiéndola. No admitimos que en nuestro castillo se abra alguna grieta, y mucho menos que esa imperfección la vean los demás. Nos sobrecargamos, nos justificamos ante los demás con tal de que el castillo esté intacto y todo el mundo lo vea como nosotros queremos. “No puedo decir que no”, nos excusamos. Pero, en realidad, no lo hacemos por los demás sino por tener nuestro castillo bien apuntalado, demostrar y demostrarnos lo competentes que somos. ¡Imaginemos que alivio si nuestra identidad fuera más flexible, no tendríamos que estar defendiendo el ego continuamente! .Por eso es bueno desapegarnos de nuestra identidad y dedicarnos a vivir. Siempre nos deberíamos cuestionar por qué decidimos hacer lo que hacemos. ¿Nos gusta, nos motiva, nos hace disfrutar, aprendemos con ello, queremos ayudar a los demás realmente? ¿O lo hacemos para alimentar nuestro ego?.

Cuando alguien nos pide algo solemos decir que es una exigencia externa. Pensamos equivocadamente que no es culpa nuestra que vayamos a tope sino de las obligaciones que nos impone la vida. Cuando las personas reconocemos que lo que denominamos exigencias externas son en realidad autoexigencias, ya hemos dado un gran paso. Eso significa que comprendemos por qué nos cuesta decir “no”, que entendemos que en realidad estamos defendiendo nuestro castillo. Cuando empezamos a decir “no”, a no justificarnos tanto, es señal de que el centro de nuestra vida ya no es ese castillo, ese ego que nos ayuda a construir nuestra identidad social, pero que acabamos confundiendo con nuestra verdadera esencia, más libre y liviana, que no necesita encerrarse en sí misma sino estar abierta a la vida y al cambio.

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