LOS MIEDOS.

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LOS MIEDOS.

¿Qué es el miedo?

El miedo es la sensación de susto frente a un pensamiento. Es la propia percepción la que me asusta, mi propia idea. Me imagino algo y, a partir de esa idea, tengo miedo. Me da miedo lo que me imagino, no lo que veo.

Para resolver un miedo no hay otro camino que enfrentarlo. Uno tiene que someterse a ese miedo para transformarlo en susto; esto es, llevarlo hacia la salud. Una vez transformado en susto, entonces uno lo puede dominar y vencer. Es más, en ciertas ocasiones, el objeto está presente en ese momento-como en el susto-, pero lo que uno siente es miedo, porque el peligro es sólo de la imaginación.

El susto siempre está relacionado con algo que está pasando. En cambio, el miedo implica una idea, una sucesión de pensamientos. El que tiene miedo comienza pensando una cosa que lo lleva a pensar otra, y así sucesivamente, hasta que llega a un punto en que se muere de miedo. Cuando la idea es que algo podría pasar, entonces ya se transformó en miedo.

El miedo es un invento del pensamiento. Nuestros miedos los inventamos nosotros, son una construcción nuestra.

Habitualmente, esa construcción está formada en base a experiencias anteriores a nosotros, es decir, en base a algo que nos pasó en relación al objeto temido y que nos dejó esta impronta, marca, huella o señal. El miedo se genera a raíz de una situación de peligro inventada por el pensamiento.

¿Dónde está el límite entre el miedo patológico y el sano?

Ante todo, hay que entender que el miedo, tanto el sano (que conduce a reflexión), como el patológico( que conduce a la parálisis), tanto el que sirve como el que no sirve son inventos del pensamiento. Los dos son el resultado de algo que yo imagino que podría llegar a suceder en el futuro y que no quiero que suceda.

Entonces, nosotros, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, no hemos nacido con miedo, aunque sí hemos nacido con la posibilidad de asustarnos. Todos los miedos que tenemos los hemos aprendido; no son innatos. Hemos aprendido a tener miedo porque nos han enseñado. Empezando por la mala palabra que los padres y madres les decimos a nuestros hijos; “cuídate”, porque cuidarse es tener miedo, es decir que el mundo es peligroso. Aquellos que dicen “cuídate”, lo dicen por ellos mismos y lo hacen desde los propios miedos, no desde el amor hacia el otro.

Así por ejemplo, el miedo a la muerte, el único antídoto que existe para no tenerle miedo a la muerte es conectarse con la acción de estar vivo. El que tiene miedo a la muerte, en algún lugar se desconectó tanto de la acción como para engancharse en ese miedo. En el miedo a la muerte de un ser querido, ¿qué es lo que me da miedo?. Me da miedo, no tenerlo, no estar más con él, pero, ¿porqué? Quizás por todo lo que no hice con él, por todo lo que no le dí, por todo lo que postergué.

El único antídoto universal contra el miedo es la acción y por lo tanto, cada vez que tengo un miedo, debo saber que tengo que actuar; buscar la acción es lo que me puede sacar del miedo. Siempre que hay miedo hay algo que no estoy haciendo, algo que no estoy queriendo saber o no estoy pudiendo decidir.

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