MIEDOS INFANTILES
El miedo es una emoción primitiva que forma parte de los mecanismos de adaptación y supervivencia del individuo. En la especie humana, el miedo puede dar lugar a un estado afectivo conocido como ansiedad y angustia, y su aparición puede estar provocada por factores de temperamento y personalidad, o por factores externos y ambientales
El miedo según la edad:
A lo largo de la vida del niño los estímulos que producen miedo van cambiando. Sus experiencias, maduración y progresiva autonomía hacen que su intelecto supere algunos de los miedos infantiles, pero dé lugar a la aparición de otros miedos.
Hasta los dos años.
El niño tiene miedo a la soledad y a la oscuridad, así como al alejamiento y a la separación de la madre, a las personas extrañas o desconocidas, a los ruidos y a los animales.
Entre tres y cinco años.
Aparece el temor al daño físico, al dolor o al sufrimiento, a la separación de los padres y a lo desconocido (fantasmas, brujas, etc).
Entre cinco y ocho años.
La soledad, los ambientes hostiles, la escuela, las tormentas, los seres imaginarios…
Entre los nueve años y la madurez.
A las relaciones sociales, a no tener éxito en el grupo, a los exámenes, a su imagen corporal, a la violencia exterior, a las guerras y a la muerte.
Cómo ayudarles a superar los miedos:
- Debemos recordar que tanto la sobreprotección como los reproches son dos actitudes muy poco recomendables y, por desgracia, muy frecuentes para solucionar el problema de los miedos.
- Hay que ser positivos. El niño debe recibir estímulos y alabanzas cuando supere cualquier tipo de temor, y tanto los padres como los educadores deben ir concediendo libertad progresiva para que el niño adquiera sus experiencias y aprenda de ellas.
- Evitar la sobreprotección materna y paterna.
- Apoyarles, darles seguridad y no abandonarlos.
- No ridiculizar ni reprochar el miedo.
- Serenidad y firmeza ante el temor irracional.
- Educarles para manejar y superar el miedo (cuentos, historias,etc).
- Apoyar y asumir el miedo razonable.
- Premier y estimular la valentía.
- Evitar estímulos externos nocivos (películas, noticiarios, etc).






