INTERCAMBIO DE ROLES O PARENTIFICACIÓN.
El concepto de parentificación describe, el intercambio de roles entre padres e hijos. Cuando un niño pasa a ser el padre o madre en funciones de uno de sus padres o a suplir al que está ausente física o psíquicamente.
De este proceso no suele ser consciente ninguno de los implicados. El hijo porque, momentáneamente, ve aumentada su influencia y se encuentra elevado al nivel del adulto. Y el padre por estar socialmente aceptado, en nuestra época y sociedad, tratar a los niños como si fuesen pequeños adultos. Un niño que se comporta como un adulto cosecha de su entorno, por regla general, mas adulación que crítica.
Nos resulta difícil aceptar la parte de niño que tiene el niño.
Seguramente ha sido siempre así y educar consiste en parte en eso, en eliminar comportamientos innatos y adaptarlos a los socialmente aceptados. Antes se intentaba exterminar esta parte «niñil» a base de golpes. Ahora tenemos otros métodos, pero nos sigue costando aceptar que los niños son, por definición, impulsivos, inconstantes, directos, sinceros, sensibles, extremadamente emocionales, curiosos, inquietos e inconstantes, entre otras muchas cosas.
Sea como sea, la elevación del niño al estatus de adulto ocurre en muchos casos de forma automática, sin que ninguno de los afectados se de cuenta.
Recuerdo el caso de un niño cuya madre se había separado de su marido después de varios años de maltrato físico. El niño se había autoproclamado «protector» de su madre y cuando lo conocí, tenía ocho años y estaba exhausto. La tarea que se había autoimpuesto sobrepasaba con creces sus capacidades y le había impedido disfrutar los pocos años de inocencia que nos son dados y que tan necesarios son para el desarrollo de una personalidad sana.
Ya con ocho años este niño presentaba el cuadro de una depresión clínica -antaño se decía que la depresión en niños se presenta frecuentemente en forma de irritabilidad y otros trastornos de conducta, atípicos en la «depresión adulta», hoy muchas veces estos niños reciben el diagnóstico de déficit de atención (con o sin hiperactividad)-.
Además, el rechazo de los padres entre sí, o la descalificación de uno de ellos por parte del otro, nunca deja indiferente al niño. A partir de cierta edad este siente que tiene parte de ambos y el rechazo del padre -en este caso- es el rechazo de su propia persona (al menos de una parte de él). Obviamente esto repercutirá negativamente en su autoestima.
También en el caso de tener un progenitor con depresión grave o psíquicamente enfermo el niño tenderá a buscar las causas de la depresión en sí mismo, y se esforzará en hacer todo lo posible por «curar» a sus padres o no reportarles problemas adicionales.
Huelga decir que todos estos escenarios son probables, no necesarios. Por ejemplo, la presencia de un hermano podrá paliar la influencia de los padres. Incluso puede que haya un hermano que cargue con TODA la responsabilidad, y se convierta en el «enfermo», la «oveja negra», el «portador de síntomas», el «esquizofrénico» o como queramos llamarle.
La visión sistémica nos ayuda a entender que las causas que influyen en el desarrollo de la psique son tantas, que es imposible predecir el resultado final de antemano. Nunca podremos conocer todas las causas pero los padres son figuras tan básicas para el niño que siempre tendrán una gran repercusión en el desarrollo de la personalidad de estos últimos.
Y, las relaciones que mantengan entre ellos (los padres), su estado de salud y su propia personalidad tendrá tanta, si no más, repercusión que los métodos educativos que utilicen.






